Por Donita Ellison
Impreso en la revista ArtBeat –The Art Educators of New Jersey
Rafael Tufiño (1922-2008) ha sido descrito como la personificación del corazón de Puerto Rico. Su amor por su tierra y su gente se reflejan en sus grabados y pinturas que describen la cosecha de café, el pelar de cocos, el baile de la bomba y más. En su ensayo sobre el artista, la Dra. Teresa Tió escribe que creó “imágenes llenas de ritmo e intensidad humana” que también poseen “orden y estructura internas”.
¿Cómo podemos relacionar nuestro deseo de tener emociones y entusiasmo con nuestro deseo de tomarlo con calma y descansar? Como en mucha gente, yo no entendía cómo podía ser perezosa en momento y luego llena de energía. En su obra histórica del 1955, ¿Es la belleza la unión de opuestos?, Eli Siegel, el crítico y educador del siglo XX quien fundó la filosofía Realismo Estético, pregunta:
¿Pueden tanto el reposo como la energía ser vistos en la línea y en el color de una pintura, en el plano y en el volumen, en la superficie y en la profundidad, en el detalle y en la composición? — ¿Y es el verdadero efecto que una buena pintura tiene en el espectador, un efecto que causa a la vez reposo y energía, tranquilidad e intensidad, serenidad y agitación?
El grabado en linóleo de Tufiño del 1951, Cortador de caña, presenta los ritmos de la tierra y la actividad del trabajo con una hermosa relación de intensidad y calma, serenidad y agitación de la que podemos aprender.

Vemos a dos hombres, sus cuerpos inclinados hacia la tierra, en su arduo trabajo de cortar caña. Detrás de ellos, gruesos tallos de caña con hojas afiladas crean un ritmo denso, compacto, de vibrantes curvas, líneas y puntos blancos y negros. En el suelo, debajo de sus pies, las hojas de caña se extienden horizontalmente. El machete en la mano derecha del hombre crea una elegante curva ascendente que se contrarresta y completa con la curva descendente del tallo de caña en su mano izquierda. Estas dos curvas apuntan nuestra mirada hacia arriba, abajo y alrededor de la composición. Sentimos la dignidad de estos hombres a través de este ritmo de alto y bajo, de tierra al hombre.
El artista percibe estas elegantes curvas como parte de una realidad que puede ser frenética y difícil. Forman parte de una línea compleja que es entrecortada y fluida, comienza y se detiene, se mueve rápido y lenta. La línea desciende rápidamente de la punta del machete a la mano del hombre con su puño y nudillos apretados. Luego cambia súbitamente de dirección, bajando por el brazo, sobre los hombros, creado otro ángulo en el codo, bajado a través de la mano que sostiene la caña.
Cada detalle está en reposo, incluso cuando nuestra mirada recorre la composición. Lo vemos en los pies descalzos del hombre, situados con ternura y firmeza en la tierra. Sus pies, colocados en vertientes diagonales opuestas, nos hace sentir el movimiento de su cuerpo, yendo adelante y atrás, igual que el ritmo de su trabajo. Su pie delantero estabiliza su cuerpo, y también hace que miremos hacia el trasfondo del grabado donde se encuentra el otro el hombre en la distancia vestido en blanco brillante, y el ángulo de su brazo nos lleva de vuelta al machete.
Cuando era una niña en Missouri, aunque nunca vi hombres cortando caña, sí vi granjeros trabajando en los campos, incluyendo a mi padre. Pero a menudo me sentía aburrida y tristemente separada de otras personas. Aprendí del Realismo Estético que la causa del aburrimiento no es que el mundo sea aburrido y sin interés, pero que nos sentimos importantes al sentir que nada es lo suficientemente bueno como para emocionarnos. El arte, el Realismo Estético enseña, es el mayor oponente al desprecio, “la importancia falsa que se siente al restarle valor a lo que no es uno”. Un artista, como Tufiño, quiere valorar la realidad, no disminuirla.

Un hermoso detalle de esta composición es el sombrero de paja, con su eterna forma circular. Diferente a cómo podemos oscilar de agitación a letargo, este sombrero une la serenidad y el movimiento. El sombrero es una figura central en la composición. Tufiño lo usa para mostrar algo profundo sobre la realidad de este hombre desconocido, su energía y pensamiento. Esto es el efecto, el propósito del arte en sí, que Eli Siegel describió como proveniente del “la unión de reposo y energía en la mente del artista”. Sentir que la energía y el reposo pueden hacer sentido en nosotros mismos es lo que todos deseamos, y es lo que el arte hace posible.
El Realismo Estético muestra que lo que sucede en el arte es una guía para aprender acerca de quiénes somos, lo que es el mundo, y cómo verlo de la mejor manera, incluyendo a las personas que conocemos.
Donita Ellison es una escultora que enseñó escultura y grabado en la Escuela Secundaria de Música y Arte y Artes Escénicas LaGuardia y es asociada de la Fundación Realismo Estético, ambas en la ciudad de Nueva York. Imparte talleres de desarrollo profesional sobre el Método de Enseñanza del Realismo Estético. Este artículo es parte de una charla sobre el arte realista, impartida en el Museo del Arte de Puerto Rico, junto con el Dr. Jaime Torres, titulada El Realismo Estético explica el arte y nuestras vidas.

